Skaw el Halconero.

Skaw el halconero, dibujo realizado probablemente por Dave Gallagher.

Skaw es un solitario elfo silvano apodado “el Halconero”. Vive en un nido situado entre las ramas más altas de un pino milenario juntamente con multitud de aves. Los cuentos populares de los Asrai dicen que Skaw puede hablar con las aves y por eso ellas son sus amigas y compañeras. El Halconero evita la compañía de otros elfos pero luchará a su lado si el bosque se encuentra en peligro. Los exploradores elfos silvanos conocen sendas secretas que les llevan al pinar donde habita Skaw, y no dudaran en llamarle para que les acompañe en batalla. Skaw dirige a sus halcones mientras estos vuelan, dándoles ordenes mediante graznidos para que realicen vuelos picados y ataquen. Estos proyectiles vivientes son más mortíferos que las flechas y siempre regresan junto a su señor con la sangre de los enemigos del bosque goteando de sus picos y garras.

Incluyo las reglas para jugar con Skaw en la 8ª edición. Estas reglas han sido extraídas del número 32 de ¡Cargad! Y han sido modificadas por un servidor para, según mi criterio, adecuarse mejor al trasfondo.

Puedes incluir a Skaw el Halconero en un ejército de elfos silvanos, consumiendo una opción de héroe. Nunca podrá ser el general del ejército. No se pueden añadir y/o modificar el equipo de Skaw.

Miniatura de Skaw (descatalogada). Imagen sacada de internet.

Coste: 120 puntos.

Tipo de unidad: Infantería

Equipo: Halcones, Flagelo de Garras. Skaw pertenece a la Estirpe de Cambiantes.

Reglas Especiales:

Estirpe de los cambiantes: Skaw pertenece a la estirpe de los Cambiantes y todas las reglas aplicables a estos se le aplicarán también a Skaw. Modificaciones incluidas en el perfil de atributos.

Halcones: Skaw posee tres halcones seleccionados de entre sus mejores aves de presa. En la fase de disparo elige una unidad o una miniatura individual (no importa si está incluida en una unidad, o puede ser la dotación de una máquina de guerra), que esté a 24” o menos y sobre la que tenga línea de visión. El objetivo recibe 3 impactos de F4.

Flagelo de Garras: Se considera un mangual mágico que además proporciona la regla “Siempre ataca primero”. Si el enemigo también tiene esta regla, se atacará por orden de iniciativa. Si ambos oponentes tienen la misma iniciativa se deberá tirar 1D6 cada turno para resolver quien ataca primero.

Capa de Plumas: Skaw lleva una capa de plumas hechizada por los mejores magos de Athel Loren. Cuando realiza un movimiento de retirada Skaw puede repetir la tirada de dados. Este efecto es solo aplicable cuando Skaw actúe como personaje independiente.

Saludos!

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Relato corto de Warhammer Fantasy: Los que caminan con la niebla.

Rebuscando por carpetas perdidas he recuperado un breve relato, inspirado en el trasfondo de WHFB. Siempre me ha gustado crear pequeños relatos sore mis tropas, inspirado en anécdotas acontecidas en alguna partida.

Esta data de mis tiempos como general elfo silvano.

 

Scarloc sacó una flecha de su carcaj y contempló las plumas blancas que remataban la cola. Era un buen trabajo de los artesanos élficos, fabricada con plumas de garza blanca y madera de tejo de tallo delgado finalizando en una sólida punta de acero, forjada por los mejores herreros del clan. Sin duda era un bello instrumento de muerte y Scarloc le daría un buen uso.

Aguardó unos instantes antes de ordenar a sus compañeros que apuntaran con sus arcos a la húmeda niebla. Los demás forestales, emboscados en sus capas verdes cubiertas de hojas y musgo, reaccionaron con impaciencia tensando sus arcos, preparados para descargar una letal lluvia de muerte. Faltaban unos pocos minutos para el alba y unos débiles rayos de sol empezaban a filtrarse por las copas de los arboles, aún así el sotobosque era una oscura y fría cueva, una extensión primigenia que recordaba a todas las razas el deber de subestimar al bosque.

El veterano forestal se maravilló unos segundos ante la bella escena del albor pero un balido inhumano procedente de la garganta de uno de los hombres bestia le sacó de su estupor. Los jinetes elfos silvanos los estaban conduciendo hacia la trampa, asaeteándolos desde sus bellos corceles élficos. Podia imaginarse la escena: los brutales hombres bestia habrían sido despertados de su pesado sueño con el tronar de los cascos de los gráciles corceles élficos, y en medio de la confusión su repugnante líder habría reunido a los supervivientes para dirigirse hacia la espesura, pensando que allí los jinetes serían presa fácil. Necios, los jinetes silvanos cabalgaban en la espesura tan bien como cualquier caballero en terreno abierto, así que lo que podía haber sido una retirada táctica se convirtió gradualmente en una huida desesperada.

En la niebla empezaban a dibujarse las grotescas siluetas de los hombres bestia, el viento traía su hedor y los forestales tensaron sus arcos prestos a disparar. La primera oleada saltó de entre la niebla seguidos muy de cerca por los jinetes, sin extrañarse de que estos hubieran aminorado la marcha y redujeran gradualmente su cadencia de disparo.

Los gors corrieron en grupo por el claro hasta que el suelo desapareció bajo sus pezuñas, revelando una fosa llena de afiladas estacas. Los gritos de los moribundos quedaron eclipsados por los balidos de terror de los que les seguían, al ser empujados a la fosa por sus camaradas que venían detrás. Solo la llegada del líder de la manada puso fin a aquella masacre. Mediante golpes y empujones reorganizó las filas de gors y ungors para presentar batalla finalmente en aquel claro.

Formaron un muro de escudos y se prestaron a resistir hasta que saliera el Sol, momento en que descubrirían la posición de los forestales y cargarían contra ellos. Scarloc sonrió, estaba todo previsto, no se había dejado nada al azar.

El caudillo de los hombres bestia exhortaba a los supervivientes a mantener la posición, seguro de sí mismo tras el muro de escudo. Solo una carga de caballería pesada podría romper sus filas y sabía que los débiles elfos del bosque no solían tener esa clase de soldados. Sonriente y confiado veía la victoria cerca. Con la llegada de los primeros rayos de Sol descubriría la posición de esos malditos arqueros y sus pieles pasarían a engrosar el estandarte de la manada. Sí, se repetía, -Sus pieles serán mías-. Ensimismado en sus sueño, no vio venir un gigantesco tronco que aplastó a tres de sus mejores gors. Los horrorizados hombres bestia se giraron para encararse a esa nueva amenaza, hallando un gigantesco árbol de tenebrosa forma que aplastaba ungors y gors con extrema facilidad.

El pánico recorrió las filas y ni el caudillo pudo controlar la desbandada de las criaturas del caos, la muralla de escudos se derrumbó y los forestales reanudaron la lluvia de flechas segando las vidas de la manada de hombres bestia.

El caudillo murió aplastado por un poderoso golpe del hombre árbol y tras eso, la manada corrió a dispersarse por los bosques, donde les esperaban una vez más los jinetes silvanos. Scarloc sonrió satisfecho, hoy habría buena caza.