Oldhammer manifesto

A raíz de mi interés por recuperar viejas miniaturas de la 4ª-5ª edición he topado con el movimiento (o más bien filosofía) Oldhammer.  Básicamente se trata de pasar olímpicamente del “mainstream” y de todo lo que no nos gusta, en lo que a Warhammer se refiere, para recuperar los antiguos reglamentos de ediciones pasadas, en los que se jugaban escaramuzas en vez de batallas masivas pobladas de monstruos gigantescos.

Reproduzco aquí las 5 reglas del “Contrato Oldhammer”, sacadas del excelente blog  The Realm of Zhu. Básicamente traduzco las normas porque deseo poner el banner de Oldhammer en mi blog, y me gustaría explicar su significado en vez de ponerlo sin más.

Tengo constancia de no ser el primero en traducir y adaptar estas normas, pero ahí va mi modesta adaptación.

El Director de Juego (o DJ, Master, Guardián, Narrador etc.)

Antiguamente en Warhammer, al igual que en los juegos de rol, existía la presencia de un director de juego, también llamado master, guardián o narrador (por ejemplo) ya que cada juego de rol le ponía un nombre diferente. Sus responsabilidades eran revisar si las listas de ejército eran correctas, no sólo en cuanto a puntos y tal, sino también respecto al trasfondo, y también se encargaba de resolver las dudas/discusiones que surgen en todas las partidas. La figura del árbitro es imparcial y su decisión inapelable, ambos jugadores deben estar de acuerdo en esto. De la misma forma el árbitro debe aceptar la responsabilidad de ser imparcial y objetivo.

El DJ normalmente diseñará el escenario, distribuirá el terreno y explicará a los jugadores cual es su misión en esta partida. En las primeras ediciones de Warhammer las partidas no tenían objetivos como los que estamos acostumbrados actualmente. Un ejemplo podría ser la misión de conducir una caravana de enanos a través de un bosque repleto de goblins. Los enanos ganarían si salvan al menos la mitad de la caravana, mientras que los goblins ganan puntos de victoria por cada carro inmovilizado y cada enano muerto, por ejemplo.

La lista de ejército la construyes tu.

Los ejércitos se construyen mediante un sistema de puntos. Cada oponente gasta los mismos puntos en miniaturas y ya está. No hay % de puntos para personajes, unidades o máquinas de guerra (recordar que el DJ supervisa las listas de ejército*)  así que si quieres una coalición de elfos y enanos contra orcos, adelante. Las únicas restricciones que tenemos es el alineamiento, es decir si somos Buenos, Malos o Neutrales, por lo que no podemos aliar nuestros bretonianos con un Devorador de Almas, por ejemplo.

* A los culoduros que se les haya hecho el culo pepsicola lamento decirles que en Oldhammer tendrán pocas oportunidades de jugar sus listas “competitivas”.


Todos los personajes (incluidos los hechiceros) tienen acceso a los mismos objetos mágicos y/o hechizos. Los ejércitos también tienen acceso a las mismas máquinas de guerra, Como se ha dicho antes, si tienes puntos suficientes, adelante con ello.

Permitidme aclarar este último punto. Es cierto que todos los ejércitos pueden compartir las máquinas de guerra y también es cierto que (por ejemplo) los Bretonianos podrían llevar un cañón, sobretodo si se trata de un asedio. Porque por muy honorables y decentes que sean los Bretones saben que a base de estrellar sus lanzas contra los muros del castillo enemigo no van a conseguir derribarlos. Ya se encargarán los plebeyos de  tan deshornosa tarea como es manejar una vil arma de pólvora. Otra cosa es que en una batalla campal, lisa y llana, un jugador Bretón lleve cañones. Ahí el DJ puede vetarlos de la lista “porque no proceden”. O también puede permitirlo, pues es tu juego, tus miniaturas y tus normas, siempre que el adversario esté de acuerdo.

Lo sé, ahora mismo estás pensando en un amigo/conocido y las barbaridades que puede cometer con esta “carta blanca”. Tranquilo, para evitar eso está el DJ. No obstante tengo que decir que, al menos en mi opinión, jugar a Oldhammer no es “para todos los públicos”, es decir, no todos los wargameros (y ya sabeis a que tipo de jugador/es me refiero) disfrutarán con una partida de Oldhammer. Avisados estais.

El tamaño (del ejército) no importa.

Warhammer nació como un juego de escaramuzas que poco a poco ha ido evolucionando hasta convertirse en batallas masivas, pero el núcleo de reglas, la esencia, sigue perteneciendo al mundo de las escaramuzas. No hace falta jugar a 2.000 (o 3.000) puntos para disfrutar una partida, así que desaprendamos tal costumbre.

La ecuación “ + puntos = + diversión” por lo general es falsa. Entiendo que convencerse de esto leyendo un texto es muy difícil, hay que vivirlo. En mi caso tras jugar un par de partidas “masivas” con un mínimo de 10.000 puntos por bando, se me quitaron las ganas. Una vez (o dos…) al año no hace daño pero, en mi experiencia, la mayoría de partidas se organizan con un día o dos de antelación y ese tiempo no suele bastar para coordinar una “macrobatalla”.

No me malinterpretéis. Que cada cual juegue a tantos puntos como desee, que para eso es su juego, sus miniaturas y su tiempo. Lo que me vengo a referir es que ciertas opiniones sobre el tamaño mínimo del ejército para una partida, normalmente dichas por un fabricante de miniaturas, no son ciertas al 100%.

No existe el “juego equilibrado”

La guerra no es justa y aunque Warhammer sea un juego sobre simulación de batallas, tampoco lo debe ser. Así que dejemos de lado las revisiones sobre libros de ejércitos para hacerlo más “equilibrados”.

Cada miniatura cuesta una determinada cantidad de puntos, y tanto tú como tu oponente tenéis la misma cantidad para “gastar” en un ejército. SI tú quieres llevar un Héroe súper dopado con runas de muerte, espadas de destrucción y dragón del caos además de varios objetos mágicos… allá tú. Si tu oponente decide gastar esos puntos en 1.000 goblins armados con escudo y lanza probablemente tendréis una ridícula batalla. ¡Pero es vuestra elección!. En Oldhammer el equilibrio lo ponen los jugadores y el DJ, dejando de lado posturas ultra-competitivas.

La filosofía Oldhammer deja una puerta abierta a crear y modificar reglas, atributos, costes de puntos etc. A todos nos gustaría tener un general con los atributos de Aragorn, con más objetos mágicos que Elric y con una montura tan bestia que ríete tú de Battlecat (la montura de He-Man), pero antes de desmadrarnos pensemos: ¿Si mi adversario desplegara esta unidad/personaje/monstruo contra mí, lo encontraría justo/proporcionado?.

Torneos, no gracias.

Oldhammer no es un deporte, es un juego. Las reglas y la aleatoriedad de los dados hacen prácticamente imposible un torneo “justo”.

Un saludo.

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